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AITA (2019-2024)

Aita significa padre en euskera, origen, raíz, el lugar al que uno vuelve aunque está lejos.

Estas fotografías nacieron de una mirada doble — la mía y la de Lili, mi mujer. 

La enfermedad llegó despacio, como llegan las cosas que van a cambiarlo todo. El Párkinson no le robó el cuerpo. Le fue borrando, poco a poco, la memoria, el hilo, la continuidad. Seguía siendo él — su voz, su presencia, su manera de mirarnos — pero algo se iba perdiendo entre una visita y la siguiente. Como si cada vez que llegábamos hubiera un poco menos de mapa y tuviéramos que aprender de nuevo a encontrarnos.

Mi madre y mi hermana estuvieron a su lado cada día, con esa entrega silenciosa que sostiene lo que no se ve. Mi hermano lo sufrió a distancia. Nosotros llegábamos y fotografiábamos. Era nuestra forma de estar. Nuestra forma de no olvidar antes de que él olvidara.

Este libro no es un documento sobre la enfermedad. Es un retrato del tiempo compartido, de la luz que persistía en los gestos pequeños, en las tardes tranquilas, en la manera en que seguía siendo nuestro padre incluso cuando ya no recordaba bien quiénes éramos.

Él ya no está. Pero si habito en su memoria, nunca estaré solo.

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