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Treinta y tres

8 oct
2 min de lectura

A veces pienso que crear tiene algo de oficio. Que tiene su método, su orden, sus pasos. Y lo tiene. Pero no cabe en un manual. Hay algo que se escapa, algo que tiene que ver con la sensibilidad y con la percepción, con una manera de mirar que solo existe mientras miras.

Por eso no se avanza solo. Hace falta alguien que entienda la herramienta. Que entienda el lenguaje. Que entienda lo que pretendes, aunque tú todavía no sepas decirlo.

Y hace falta que ese alguien se involucre. Y que tú te dejes.

Dejarse acompañar en un proceso creativo es muy difícil. Lo necesitas, y lo sabes. Pero no sabes si el que llega te va a desviar, o te va a dirigir, o te va a convertir en un clon de sí mismo. Abrir un trabajo propio a otra mirada es entregar algo que todavía no está terminado. Y eso da miedo. Por eso tiene que haber entrega de las dos partes. Y honestidad.

El maestro tiene sus ejercicios. Contados, parecen sencillos. A veces es solo un número. Treinta y tres. No son sencillos. Te llevan a un sitio al que no sabías que podías llegar.

Con él aprendí a escuchar lo que las fotos se dicen entre ellas. Que una imagen sola casi nunca alcanza. Que dos fotografías juntas pueden decir lo que ninguna se atreve a decir por separado. Que a veces hay que dejar fuera una buena para que las demás respiren. Y que el archivo no es el lugar donde las fotos se olvidan, sino donde esperan.


Me lo encontré cuando Aita se estaba apagando en un cajón. Llegó en un momento en el que yo no podía cerrarlo. Estaba ahí, completo y quieto, y no encontraba la manera de terminarlo. Todavía hoy no sé bien por qué. Me imagino que por algo emocional.

El maestro lo bajó a tierra. Poco a poco. Sin prisa. Con pasos que yo podía dar. Consiguió entrar y ordenar mi dolor para que pudiera cerrar ese trabajo.

Aita es más que un libro. Es el retrato más íntimo de una familia que yo haya fotografiado jamás. Y en cada página, callada, está también la mirada del maestro.

Eso también se aprende. A dejarse acompañar. Y a saber elegir esas treinta y tres.

Fotografía Raquel Cartaya

 
 
 

1 comentario


Lucy Keme
Lucy Keme
09 oct

Excelente, como siempre, maravillosa manera de escribir y expresar, por lo que pasaste y sentiste

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